Existe una valoración formal, protocolarizada y estándar pero luego existe una valoración informal, espontánea y desde mi punto de vista la más real, que es la que observamos (o deberíamos observar) en el día a día. ¡¡Echando un ojo!!

Seguramente un protocolo nos confirme algo muy evidente, alteraciones del sistema músculo esquelético como acortamientos musculares o disimetrías, pero en muchas ocasiones no es capaz de detectar fallos mecánicos que aún no se han manifestado en alteraciones, deficiencias o fallos posturales que se encuentran ocultos y solo aparecen en situaciones muy específicas y dentro de movimientos complejos y a velocidades exigentes. Seguramente observando a un corredor en posición bípeda no veamos grandes alteraciones, si le realizamos el test de coob su columna no presente desviaciones significativas, pero si lo observamos desde atrás subiendo escalones o corriendo en una cinta quizás comencemos a observar alteraciones y compensaciones mecánicas que solo aparecen en situaciones exigentes del movimiento.

Cuando citamos a un deportista o cliente para pasarle unos protocolos de valoración, generalmente el sujeto se presenta en perfecto estado y seguramente mediatizado a que va a ser evaluado. Esta situación desde mi punto de vista le quita naturalidad al estados normal del sujeto y enmascara algunos aspectos limitando la una valoración completa.

Si advertimos a una persona que vamos a valorar su postura y columna vertebral, instantáneamente adoptará una postura erguida de forma inconsciente, desde que el sujeto entra por la puerta su postura se encuentra modificada y deja de comportarse de forma natural enmascarando algunos patrones posturales. Me ha ocurrido multitud de ocasiones que durante una valoración el cliente ha mantenido una actitud postural correcta, al terminar el protocolo y pasar a comentarlo, el sujeta se relaja y justo cuando nos despedimos es cuando he comenzado a ver situaciones mecánicas y patrones posturales que no eran evidentes durante los protocolos.

Pero esto no es todo, la mayoría de personas no experimentan patrones posturales deficientes en estático o durante un movimiento observado en una sala de valoración, es sin embargo durante la propia actividad cuando afloran las deficiencias mecánicas y no solamente por no sentirse observado, mi mediatizados por estar siendo valorados en una sala, sino por la aparición de la fatiga muscular. Creo firmemente que la fatiga es nuestra mejor herramienta de ayuda para hacer aflorar deficiencias posturales y eslabones débiles dentro de las cadenas musculares implicadas. Creo que la valoración no debe terminar en un protocolo aislado y poco natural, sino que debe continuar de forma continua con la observación del deportista o cliente en la sala de Fitness, esto es lo que denomino la valoración a “ojímetro”.

Creo que debería darse el mismo valor e incluso más a la valoración a “ojímetro” que a los protocolos formales de valoración. Desde mi punto de vista es una oportunidad que no debemos desaprovechar para conocer la mecánica del sujeto, para observar el movimiento de forma específica, dentro de una situación cotidiana y sobre todo con parámetros de fatiga ¿hay algo más real?

La observación diaria y espontánea nos permite detectar que “algo pasa” y quizás con la ayuda de un protocolo adecuado y bien elegido de valoración postural lleguemos a la causa que lo provoca. Por tanto, los dos tipos de observaciones, tanto la formal como la espontánea son necesarias contemplarlas. Desde luego que es mucho más fácil aplicar la formal, generalmente el protocolo está contrastado y registrado, evaluando de forma empírica el resultado, de esta forma podemos cuantificar y evaluar las mejoras en posteriores valoraciones, unifican criterios y permiten “hablar el mismo idioma” en cualquier informe o estudio. La valoración a “ojímetro”, la espontánea, la informal, no es fácil de poner en práctica, pero la propia experiencia y comprensión de la cinética, nos hará “ver” deficiencias donde antes solo veíamos una sentadilla, un trote, un estiramiento o unos ejercicios de abdominales, el ejercicio se convierte en el propio test de valoración diario.

Mi consejo es que comiences a abrir los ojos, manteniendo una visión más amplia a la hora de observar un ejercicio, no valores solo la carga levantada o la ejecución correcta del ejercicio, deja incluso un margen mecánico de ejecución, solo así podremos contemplar déficits y conseguiremos hacer aflorar a los eslabones débiles. Si limitamos el movimientos, lo aislamos, lo estabilizamos, eliminamos las inercias, disminuimos la carga, lo único que estamos haciendo es ocultar los fallos mecánicos. Piensa que en su vida real aparecerán y los realizará, tarde o temprano golpeará con fuerza una pelota, cargará a su hijo en brazos, dará un impulso o cargará con las bolsas de la compra, y entonces no estaremos allí para observarle, la alternativa es incluir movimientos funcionales que reflejen acciones motrices cotidianas como estas en su entrenamiento, ejercicios como el peso muerto, subir escalones o un push press nos darán mucha información de lo que está sucediendo en la vida motriz de nuestros clientes, no cerremos los ojos.

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